Publicado en Docencia, Gamificación, Matemáticas, TIC

Gamificando el aula

Empezamos a trabajar con ClassDojo, una herramienta fantástica para gamificar el aula. Gamificar proviene del inglés gamify y consiste en convertir un trabajo en un juego. Eso queremos que aprender sea como jugar, pero que eso no signifique dejar de esforzarse y dejar de poner ganas en lo que hacer.Cada uno de vosotros ya ha recibido vuestro código para que se lo entregue a vuestro padres y para que vosotros podáis ver vuestro monstruo. Sí, cada uno seréis un pequeño monstruo que os identificará y que será vuestro yo virtual. Este monstruo irá ganando o perdiendo puntos dependiendo de lo que vayáis haciendo en clase. ¡Aprovechad vuestras oportunidades de conseguir puntos!

Seguimos trabajando para convertir a las matemáticas en vuestra asignatura preferida. Aprender y disfrutar, ese es el objetivo.

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Publicado en Matemáticas

El símbolo de infinito

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El ocho tumbado es un símbolo de origen antiguo, que aparece, por ejemplo, en la cruz de San Bonifacio (muerto en el año 754). Pero el honor de haber sido el primero en emplear este signo con su sentido matemático, de algo que no tiene fin, corresponde al matemático británico John Wallis. Fue el primer científico del mundo en utilizar, allá por el año 1655, un ocho tumbado para representar el infinito en su obra De sectionibus conicis.

Wallis jamás dio ninguna explicación sobre los motivos que le habían llevado a la elección de ese símbolo para representar el infinito. Sin embargo, muchos especulan con que pudiera ser una deformación del símbolo que se empleaba en el imperio romano para indicar el valor 1.000, un número asociado a cantidades gigantescas, enormes.

Aunque entre los romanos la forma habitual de representar el número 1.000 era a través de la M mayúscula, la letra inicial de dicha palabra, originariamente esa cantidad se representaba con las grafías CI ó C, que podrían haber variado hasta generar el ocho tumbado. Otros, sin embargo, consideran que Wallis podría haberse inspirado en la omega, la última letra del alfabeto griego, intentando de ese modo expresar que el infinito sería siempre el último número de cualquier serie. Pese a todo, el símbolo del infinito de Wallis no comenzó a emplearse sistemáticamente hasta el siglo XIX.

Fuente: El Mundo